jueves, 29 de enero de 2009

Rompepistas


Kiko Amat (Sant Boi, 1971) acaba de publicar Rompepistas (Ed. Anagrama), título que supone el cierre a su particular trilogía dedicada a la juventud que inició con El día que vaya no se lo diré a nadie y continuó con la excelente Cosas que hacen BUM. Amat, periodista cultural hecho a sí mismo, devoto de la cultura inglesa, defensor acérrimo del vinilo y coeditor del imprescindible fanzine La Escuela Moderna, nos acerca la adolescencia en el extrarradio de una gran ciudad a finales de los 80.

Corre el verano de 1987, y suenan Madonna y George Michael. Sólo que no en la vida de Rompepistas. Para él, un punk miope y desgarbado de 17 años nacido en el extrarradio de Barcelona, los únicos que importan son Generation X, los Clash, los Jam y su propio grupo, Las Duelistas. Las horas se aceleran al lado de sus mejores amigos: Carnaval, el batería gordito, Clareana, su ex novia, y el Chopped, cabecilla de los Skinheads por la Paz. Son los chicos con botas, con las almas rotas y la ropa descosida, sin modales y sin futuro, sin nada que perder. Y el universo de Rompepistas parece a punto de estallar: acaba de empezar una guerra sangrienta con una banda del pueblo de al lado, sus padres están a punto de separarse, Clareana le odia cada día más, Carnaval no le habla y el Chopped está perdiendo la cabeza. Llena de patadas y puñetazos, punk rock y reggae, victorias pírricas, curas malvados y el desespero callado del cinturón industrial barcelonés, Rompepistas es una emocionante novela de iniciación que narra con intensidad y gran sentido del humor el paso de la adolescencia a la primera juventud. Escrita con profunda sensibilidad y ritmo, y con la exacta mezcla de misantropía e ingenuidad de aquel Holden Caulfield que sedujo a miles de lectores, Rompepistas explora la amistad y la culpa, los lazos de sangre, las promesas rotas y la redención del baile, y desgrana los miedos y avatares de la pérdida de la inocencia.


El próximo sábado 31 de enero, en el barcelonés Heliogàbal, el autor leerá un fragmento de la obra y, acto seguido, grupos como Brighton 64, Grande-Marlaska, Surfin’ Sirles, Nueva Vulcano, Astrud, Le Pianc, Veracruz, Silly Walk, The Bite y Las Dolores interpretarán la que sería la banda sonora de la novela que el mismo Kiko Amat ha tenido la deferencia de adelantarnos y que podrán completar en cuanto se hagan con esta indispensable joya.

GENERATION X Promises promises
THE CLASH Complete control
THE MAYTALS Never grow old
SHAM 69 Hersham boys
THE BEAT Best friend
TOOTS & THE MAYTALS Pressure drop
THE SPECIALS You’re wondering now
PRINCE BUSTER Whine & grine
GENERATION X One hundred punks
THE BEAT I confess
LOS AMAYA Qué mala suerte la mía
SIMON & GARFUNKEL Scarbourough fair/Canticle
KORTATU La línea del frente
BRIGHTON 64 La casa de la bomba

Así que ya lo saben, si aman la música y creen que la amistad les puede salvar la vida, corran a su librería más cercana. El Rompepistas ya está aquí.

Dark la eMe con Arma X- Despierta

martes, 20 de enero de 2009

Razon y Mal

En tanto que se cree en Dios, es plausible hacer el Bien PARA ser moral. La moralidad se convierte en un cierto modo de ser ontológico e incluso metafísico que nos es posible alcanzar. Y como se trata de ser moral a los ojos de Dios, para alabarle, para ayudarle en su creación, la subordinación del hacer al ser es legítima. Pues, practicando la caridad no servimos más que a los hombres, pero, siendo caritativo, servimos a Dios. (...) Es legítimo ser el más bello, el mejor posible. El egoísmo del Santo está justificado. Pero que muera Dios, y el Santo no será más que un egoísta: ¿a qué sirve que tenga el alma bella, que sea bello, sino a sí mismo? A partir de este momento, la máxima "actúa moralmente para ser moral" está envenenada. Lo mismo que "actúa moralmente por actuar moralmente". Es preciso que la moralidad se supere hacia un objetivo que no sea ella misma. Dar de beber al sediento no por dar de beber, ni para ser bueno, sino para suprimir la sed. (...) [La moralidad] debe ser elección del mundo, no de sí.

Jean Paul Sartre 1


Ponencia de C.Fernandez Liria:

Nuestro tema es “Occidente: Razón y Mal. El mal en la política”. Hay que comenzar constatando una desorientación moral muy profunda. Esto es algo que podemos apreciar fácilmente con tan solo que pensemos en lo que a mí me parece un misterio insondable. Diez millones de votantes del PP apoyaron la invasión de Iraq argumentando que Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva. El misterio, lo que a mí me parece el enigma moral más profundo de lo que llevamos de siglo, es que ahora que se sabe que jamás hubo en Iraq armas de destrucción masiva, y ahora que, además, se sabe que siempre se supo que no las había (ahora que se sabe que Bush, Blair y Aznar mintieron) de todos modos, esos diez millones de votantes van a seguir votando al PP (y muchos más millones a Blair y Bush). Se trata, como digo, de un misterio insondable que, por cierto, nosotros tenemos la obligación de abordar, pues para eso nos pagan a los profesores, investigadores, becarios y catedráticos de ética. Nuestra obligación, si es que queremos cumplir con nuestra profesión, es abordar la cuestión de qué ha ocurrido con la consistencia moral contemporánea para que ocurran esas cosas tan extrañas. Yo diría que todos deberíamos estar escribiendo un libro que, por cierto, ya ha escrito Fernando Savater: Los diez mandamientos en el siglo XXI. Lo que pasa es que ese libro es malo, pero malo con ganas. Pero su título es de lo más oportuno: tiene que haber algo muy mal planteado en la manera en que entendemos los mandamientos para que nuestra conciencia moral haya enfermado hasta los límites nihilistas que traspasan todos los días nuestros medios de comunicación. El delirio moral en el que estamos sumidos es sólo comparable al descalabro que causó la Iglesia católica durante el franquismo en la conciencia de los españoles. Cuando yo era pequeño, era pecado ver Lo que el viento se llevó, y los adolescentes, según los padres de la iglesia, iban al infierno por masturbarse. Sólo una secta de psicópatas puede perder hasta ese punto el sentido de las proporciones, pues en esa misma época se consideraba cosa discutible si también deberían ir al infierno los policías de la dictadura argentina que (en el cumplimiento de su deber) violaban, torturaban y desaparecían a no pocos de esos adolescentes abocados a las llamas del infierno. Para ser realistas, hay que decir que la Iglesia no ha recuperado demasiado el sentido de las proporciones. Aplicando sus peculiares parámetros, el papa Woytila, al que ahora quieren canonizar, le daba la comunión a Pinochet y medio excomulgaba a los teólogos de la liberación, dejándoles con el culo al aire en una situación en la que muchos de ellos no tardarían en ser asesinados. Tan sabia decisión se tomó por consejo del cardenal Ratzinger, nuestro papa actual3. Ahora bien, no cabe duda de que el papel de los medios de comunicación respecto del nihilismo contemporáneo es mucho más importante que el de la Iglesia. Los periodistas y los intelectuales mediáticos son los nuevos sacerdotes y obispos de este mundo secularizado en el que se ha vuelto imposible distinguir el bien del mal. Y algo de responsabilidad tendremos también en el mundo académico.

Probablemente, como consecuencia del bloqueo a Iraq a partir de la primera guerra del golfo, murieron un millón y medio de personas inocentes. Cerca de un millón más han muerto a causa de la guerra y de la destrucción de infraestructuras. El país está sumido en una guerra civil y sembrado de uranio empobrecido. En Iraq las embarazadas ya no preguntan al médico si es niño o niña, sino si viene o no con malformaciones. La gravedad de todo esto sólo es equiparable a la gravedad de que todo esto esté ocurriendo mientras conservamos nuestra tranquilidad de conciencia. Probablemente el nihilismo nunca había llegado tan lejos entre nosotros ni había gozado de tanta impunidad. Ni siquiera en esa situación tan vehementemente denunciada por Hannah Arendt, lo que ella llamó “el colapso moral de la población alemana”, una población que más o menos sabía y no quería saber que sabía de la existencia de Auschwitz y que con su indiferencia y su banalidad se hizo cómplice del holocausto. Los campos de concentración sobre los que se levanta nuestra tranquilidad de conciencia europea son demasiado grandes para rodearlos con alambradas. Nos sale mucho más rentable rodearnos nosotros mismos de alambradas: encerrarnos en una fortaleza inexpugnable, materializar con púas y cuchillas la “solución final” de nuestras leyes de extranjería, y dejar que la economía internacional se encargue por sí sola de perpetrar el exterminio. No es sólo que esto salga mucho más barato. Es que sale muy rentable, tan rentable que sus efectos superan con mucho la audacia de los surrealistas. La realidad se ha convertido en un chiste, en una broma de mal gusto. Según el último informe de Naciones Unidas, por ejemplo, resulta que el 1 % de la población adulta del planeta acapara el 40 % de la riqueza mundial, mientras que en el otro extremo el 50 % de la población apenas cuenta con el 1 % de la riqueza. Cuando lees estos datos piensas que están equivocados. Claro que, según un cálculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al día con 2 dólares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendría que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de años. Otro chiste: por un anuncio de zapatillas deportivas Nike, Michael Jordan cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Por supuesto que para que un absurdo tan abyecto se encarne en la cruda realidad de cada día hace falta administrar mucha violencia, cortar el planeta con muchas alambradas, deslocalizar poblaciones, descoyuntar, en definitiva, el cuerpo entero de la humanidad.

Es muy sintomático que Hannah Arendt esté hoy día tan de moda. Los estantes de las librerías están repletos de libros de Arendt, se cita a Arendt en el Parlamento, tenemos a Arendt hasta en la sopa. A todo el mundo le resulta interesantísimo que un pueblo entero, el pueblo alemán, colapsara moralmente en los años treinta del pasado siglo XX. En cambio, se lee muy poco (de hecho, ni siquiera se le traduce demasiado) a Günther Anders, quien fuera, por cierto, su marido. Anders se ocupó más bien de denunciar la continuidad de ese colapso moralentre nosotros, en la conciencia occidental en general. Lo que le preocupaba era que nos habíamos vuelto analfabetos emocionales y que eso nos abocaba a una abismo moral en el que todos nos hacíamos cómplices de un holocausto cotidiano e ininterrumpido. A mediados de los ochenta, Anders renegó del pacifismo en el que había militado toda su vida de forma tan activa y argumentó que la única solución era la violencia. “Hemos hecho todo lo posible por convencer al mundo y está claro que no vale de nada”. “El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente”. La economía capitalista ha llevado el planeta a un callejón sin salida4. La situación es tan grave que, hoy día –plantea Anders- el recurso a la violencia por parte de los movimientos antisistema debe considerarse, sin más, legítima defensa. Estamos amenazados, la población mundial está amenazada de muerte, por vulgares hombres de negocios con aspecto inofensivo. “Considero ineludible que nosotros, a todos aquellos que tienen el poder y nos amenazan, los asustemos. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa imaginación o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad”. Estas citas están sacadas de un libro titulado Llámese cobardía a esta esperanza, que publicó una editorial marginal5 que, por supuesto, no ha gozado de la fortuna comercial de los editores de Hannah Arendt.

Günther Anders explica el insólito fenómeno de la tranquilidad de conciencia contemporánea aludiendo a lo que el llama “el desnivel prometeico”6. Es la idea de que, actualmente, somos capaces técnicamente de producir efectos desmesurados con acciones insignificantes. Aprietas un botón y una bomba cae sobre Hiroshima y mata a 200.000 personas. La desproporción entre la acción y sus efectos es tan grande que la imaginación se desorienta. Es imposible, por otra parte, vivir emocionalmente la muerte de 200.000 personas. Los seres humanos estamos hechos para sentir la muerte de un ser querido, incluso de bastantes seres queridos y no queridos. Pero el número 200.000 no nos dice nada emocionalmente. Hannah Arendt contaba que, durante su juicio en Jerusalén, el genocida Eichmann explicaba con naturalidad que su trabajo consistía en aligerar el ritmo de la cadena de exterminio de judíos. Así pues, desde su punto de vista, era un éxito laboral el que, gracias a ciertas mejoras técnicas en la rutina del exterminio, se lograra eliminar 25.000 personas al mes, en lugar de 20.000. Ahora bien, en una ocasión en que unos testigos le acusaron de haber estrangulado a un muchacho judío con sus propias manos, Eichmann perdió los estribos y se puso a gritar desesperado que eso era mentira, “que él nunca había matado a nadie”. Estrangular a una persona es insoportable para una conciencia moral normal, administrar la muerte de un millón de personas es pura rutina.

Pero el problema es que siempre estamos ya, lo queramos o no, apretando esos botones que producen efectos demasiado grandes para nuestra capacidad de imaginar y de sentir. Susan George comparaba a los ejecutivos que teclean pacíficamente en su ordenador del Fondo Monetario Internacional con los pilotos de un B-52 que aprietan los botones de un tablón de mandos para dejar caer toneladas de bombas sobre una población civil. Probablemente los pilotos no pueden representarse fácilmente el desajuste que hay entre la insignificancia de su gesto sobre el tablero y la desmesura de sus efectos, ahí abajo, sobre la ciudad bombardeada. Con mucha menos razón, el ejército de ejecutivos que deciden sobre las medidas económicas que se aplican a lo largo y ancho del planeta (y el ejército de periodistas e intelectuales que les hacen el juego), no están en condiciones de hacerse cargo moralmente de este “desnivel prometeico” entre “su trabajo”, rutinario y pacífico, y el océano de miseria y de dolor sobre el que están produciendo sus efectos.

Anders responsabiliza a la complejidad de la técnica y la industria de este “desnivel prometeico”. Yo diría que no se trata tanto de una cuestión de complejidad técnica como de una cuestión de complejidad estructural. Sea como sea, su intuición es acertada. Cuando la voluntad está separada de sus efectos por una complejidad muy grande, la voz de la moral se desconcierta por entero. En general vivimos en un mundo tan complejo desde un punto de vista técnico y estructural que todas nuestras acciones, incluso las más aparentemente insignificantes, tienen unos efectos colaterales imprevisibles. Dicho brevemente: estamos sumidos en una situación en la que no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces. Por supuesto, en estas condiciones, la voz de la moral no sabe a qué atenerse. Es demasiado complejo distinguir entre el bien y el mal.

Voy a poner un ejemplo. Tengo aquí unas páginas de El País7. Son del 2 de septiembre de 2001, publicadas a todo color en la sección de los domingos. La gente debió de leerlas mientras lavaba su coche o desayunaba con su familia, a la salida de misa o durante una comida campestre. Quizás sintieron que su conciencia caía en un abismo ético... o quizás no sintieron nada. No se trataba de un panfleto de extrema izquierda, de esos que se leen con escepticismo. Era El País, un reportaje sobre la guerra del Congo, por cierto que muy bueno, de esos que se cuelan de vez en cuando en los medios. El titular de la noticia decía: “Según Naciones Unidas, el tráfico ilegal de coltan es una de las razones de una guerra que, desde 1997, ha matado a un millón de personas”. En las minas de coltan en la República Democrática del Congo, se nos decía, trabajan niños esclavos. Los ejércitos de Ruanda y Uganda se disputan el tráfico de este mineral sumiendo el país en una guerra civil en la que nadie quiere pensar. El caso es que este mineral es vital para el desarrollo de la telefonía móvil y de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, la escasez de este mineral había provocado otro efecto dramático: la videoconsola Play Station 2 tuvo que posponer su lanzamiento al mercado, provocando grandes pérdidas de beneficios a la casa Sony.

Mirado fríamente, es insólito que eso salga un día en El País y al día siguiente todo siga igual. Es incluso enigmático. El otro día decían (también en El País) que los muertos de la guerra del Congo se calculan ya en cuatro millones. Mientras tanto, la videoconsola Play Station 2 ya se quedó anticuada y los móviles siguieron desarrollándose vertiginosamente desde ese domingo en que salió la noticia.

No es fácil saber hasta qué punto tenemos las manos manchadas de sangre cada vez que llamamos por el móvil o que nuestro hijo juega a la videoconsola. Sin duda que estamos metidos hasta las cejas en el entramado estructural que genera esas guerras. Sin embargo, llamar por el móvil es llamar por el móvil, no matar a nadie. Y por supuesto, dejar de llamar por el móvil tampoco va a salvar la vida a nadie. El móvil, bien mirado, es un invento magnífico ¿quién puede negarlo? Si cuando llamo por el móvil estoy teniendo una oscura e imprevisible relación intangible con no sé qué conflicto sangriento de África, la culpa, desde luego, no la tiene el móvil, ni yo por utilizarlo. No podemos evitar ser piezas de un engranaje muy complejo, en el que todo está ligado entre sí por caminos imprevisibles que nadie ha decidido. Esta complejidad, es cierto, hace que, como decía Günther Anders, nunca podamos estar seguros de lo que estamos haciendo cuando hacemos lo que hacemos. Nunca podemos estar seguros de los efectos indirectos de nuestra acción directa, como dice Franz J. Hinkelammert8.

El problema es que cuando el mundo alcanza un determinado nivel de complejidad, la máxima de no violar los mandamientos se convierte en una receta envenenada. La propia moralidad se transforma en la gran coartada de un mundo criminal. Todo el mundo llama por el móvil y todo el mundo revienta en el Congo sin que nadie viole los mandamientos. Nadie tiene la culpa de que el mundo se haya convertido en algo tan complejo. En esta complejidad insondable, por ejemplo, se amparan los votantes del PP para considerar que algo bueno tendrá incluso algoevidentemente malo, como la invasión de Iraq. Al final, todo será para bien. Hay cosas que parecen muy dañinas para los seres humanos, pero que son muy buenas para que vaya bien la economía. Y no hay que olvidar que los seres humanos dependen a vida o muerte de su economía. Conviene, por lo tanto, hacer las cosas que convienen a los que tienen la sartén por el mango de la economía internacional. Conviene, pues, apoyar la política de los Estados Unidos, y vuelta a empezar, así con cualquier tema imaginable. Mientras tanto, todo el mundo puede vivir con la conciencia tranquila: hasta donde nos llegan las narices, no se ve que nadie haya violado ningún mandamiento.

Y sin embargo, por muy complejo que se haya vuelto en este mundo distinguir el bien del mal, hay una cosa que seguro que es mala, y esta cosa es, nada más ni nada menos, el hecho mismo de que exista un mundo así. Si vivimos en un mundo en el que “es imposible saber qué es lo que realmente estás haciendo cuando haces lo que haces”, entonces es que vivimos en un mundo muy malo. El lema de los movimientos antiglobalización –“otro mundo es posible”, “otro mundo tiene que ser posible”– se convierte en un imperativo ético insoslayable. Es insoportable vivir en un mundo en el que basta meter los ahorros en una cuenta corriente de Caja Madrid para tener que preguntarte con cuántas ignominias y matanzas estás colaborando sin saberlo. Es intolerable un mundo en el que te tienes que alegrar de que en España se fabriquen bombas de racimo, pues al menos en eso parece que sí que somos competitivos a nivel internacional9.

Sin duda alguna, el concepto más interesante que se forjó en la reflexión ética y moral del siglo XX fue el concepto de “pecado estructural”. Este concepto era la columna vertebral de la llamada Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal. Mientras ellos se jugaban la vida y daban de lleno en la diana del problema ético de nuestro tiempo, la filosofía académica de izquierdas y de derechas estaba completamente en la Luna, haciendo tonterías con los textos de Deleuze y de Foucault, ideando genialidades para poner a discutir a Rawls con Habermas, a ver si así descubrían la pólvora, y, también, cómo no, leyendo a Rorty y cositas de parecido calado.

En este mundo las estructuras matan con mucha más eficacia y de forma mucho más masiva que las personas. La capacidad de ser inmoral que tienen las personas es casi patética comparada con la inmoralidad de las estructuras. En estas condiciones, la cuestión moral pertinente es qué responsabilidad tenemos respecto a las estructuras. La pregunta ya no puede ser ¿qué puedo hacer yo para no violar los mandamientos en ese mundo que no llega más allá de mis narices? En un mundo en el que las estructuras violan los mandamientos con una eficacia colosal e ininterrumpida, es inmoral limitarse a respetar los mandamientos… y las estructuras. El primer mandamiento, por el contrario, atañe a nuestra actitud respecto de las estructuras. Y para responder a esta cuestión, en primer lugar, hay que responder a esta otra ¿en qué consisten esas estructuras? ¿De qué son estructuras esas estructuras? Así pues, en primer lugar, deberíamos estar todos estudiando economía. El primer mandato moral debería ser: ponte a estudiar economía y no pares hasta que no averigües en qué consiste este mundo. Y mucho cuidado con dejarte engañar por la Escuela de Chicago, que de eso también eres responsable. Si, por ejemplo, acabáramos por concluir que la economía mundial puede ser llamada con rigor y sentido la economía capitalista, lo que no cabe duda es que nuestra máxima responsabilidad moral, inmediatamente después, sería volvernos comunistas (al menos si llegamos a la conclusión de que ser comunista es la manera adecuada de combatir el capitalismo). Por supuesto que ese fue el camino que, muy a menudo, siguió la Teología de la Liberación en Latinoamérica10, el camino que tanto escandalizó al cardenal Ratzinger. Una serie de obispos latinoamericanos, de pronto, pusieron toda su red de catequistas a estudiar economía, especialmente, crítica de la economía política. Pusieron a todos sus feligreses a leer El capital y a estudiar marxismo. Lo demás se dejaba ya a la conciencia de cada uno. Aunque no por casualidad la conciencia de cada uno aconsejaba montar una guerrilla para combatir el sistema capitalista. El ejercito zapatista del subcomandante Marcos, por ejemplo, no cabe duda de que se montó desde la red de catequistas de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

En un mundo en el que las estructuras son mucho más inmorales de lo que jamás pueden llegar a serlo las personas, la cuestión crucial no es saber en qué medida somos piezas de ese engranaje estructural o en qué medida podemos dejar de participar en él. Esto es lo que a veces sugería Günther Anders, pero no es ni mucho menos suficiente. Dejar de llamar por el móvil no vale absolutamente de nada y dejar de consumir coca-cola, de casi nada. Puede que negarse a trabajar en la industria del armamento valga para algo si se consigue que ese gesto sirva de propaganda a los programas políticos pacifistas. De lo contrario, ese gesto no sirve más que para que corra un puesto la lista de parados que esperan a trabajar en cualquier cosa y a cualquier precio. Retirar el dinero de una cuenta de Caja Madrid si sospechas que esa entidad invierte dinero en la producción de armamento no sirve de nada si luego es para meterlo en el Banco de Santander, es decir, para confiar en el humanitarismo de un sujeto como Emilio Botín. Y tampoco es buena idea esconder tu birria de sueldo debajo de una baldosa.

La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. No es a fuerza de no mover las fichas o de moverlas lo menos posible como se consigue dejar de jugar al ajedrez, si eso es lo que se pretende. Para dejar de jugar al ajedrez y comenzar a jugar al parchís hay que cambiar de tablero. Si no, lo único que se logra es perder el juego, y el juego del ajedrez, no del parchís. No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida. La cuestión no es la de si puedo beber menos coca cola o llamar menos por el móvil para participar lo menos posible en esta matanza. La cuestión es cómo y de qué manera atacar los centros de poder que la generan. Mi responsabilidad en la matanza no es la de llamar por el móvil. Mi responsabilidad es la de aceptar vivir en un mundo en el que llamar por el móvil tiene algo que ver no sé con qué guerras en el continente africano. Es el mundo lo que es intolerable, no nosotros. Pero sí es intolerable que aceptemos de brazos cruzados un mundo intolerable.

Es grotesca la indiferencia que ha habido en la reflexión ética de los medios académicos europeos y estadounidenses hacia el concepto de “pecado estructural” y, en general, respecto a toda la filosofía de la Teología de la Liberación. Se trataba de lo único interesante que parió el siglo XX en el campo de la ética, pero la Academia estaba demasiado ocupada en intentar comprender a Derrida y en hacer el payaso con el dilema del prisionero. Para ser justos, hay que recordar que mucho antes de que la Teología de la liberación planteara el problema, lo teníamos ya abordado con mucha contundencia en la historia de la filosofía por filósofos como Jean Paul Sartre o Bertolt Brecht. Claro que Sartre no está tan de moda como Hannah Arendt, porque Sartre era comunista, así es que se le lee bastante poco actualmente. Sartre había explicado muy bien por qué la elección moral no tenía que ver con elegirnos buenos a nosotros mismos, sino con elegir un mundo bueno. Elegir ser bueno en un mundo en el que no se necesita pecar para vivir de la injusticia que se comete sobre los demás, es, sencillamente hacerte cómplice, no de un crimen, sino, como decía Anders, de “todo un sistema de crímenes”.

sábado, 17 de enero de 2009

El Parany



El seu títol original és, The Trap: What Happened to Our Dreams of Freedom. Es tracta d'un documental realitzat i dirigit per Adam Curtis i emès per la BBC al març de 2007. La sèrie consta de 3 episodis i van ser emesos en la BBC el passat mes de Març.

El Parany ens explica els orígens de la nostra idea actual i limitada de la llibertat, Curtis les hi arregla per a exposar una crítica en tota regla contra el Capitalisme, subliminalment presentant-lo com un sistema que bàsicament ens considera com una massa d'individus egoistes, motivats principalment per interessos personals, que no són capaços ni mereixedors d'altra forma de Govern que la imperant en l'Occident “democràtic”. Som etiquetats com éssers de naturalesa egoista, l'única forma de la qual factible de convivència es basa en la competició per béns materials. A l'assumir que no som més que predadors dels nostres propis congèneres, ens estem forçant a adaptar-nos a un Darwinismo social fictici, basat en una suposada Naturalesa Humana, els valors de la qual van ser originalment formats fa uns 100.000 anys durant el Plistocè. La llibertat que el sistema capitalista ens ven com l'única possible, la llibertat per a satisfer els nostres instints primaris o fer el que vulguem, és en realitat una visió molt limitada de la Llibertat, que en realitat ens limita i ens tanca. Aquest és el parany.


1er capítol: Jode a tu compañero
2on capítol: El robot solitario
3er capítol: Te forzaremos a ser libre

viernes, 21 de noviembre de 2008

lanubetortuga - 242526102008

"Escúchate a éstos, que son amigos míos y suenan de puta madre" o "bueno, tenemos un grupillo y nos juntamos para tocar, beber y pasar un buen rato". Estas dos frases se han hecho una constante en las vidas de todos los jóvenes/adolescentes de generaciones post-franquistas. Quien más, quien menos, ha estado en un grupo o se ha sentido vinculado al de unos amigos. Normalmente, todas esas bandas de juventud acaban siendo un recuerdo para sus componentes, que abandonan la formación por falta de tiempo o por puro desengaño con las cartas que les ha tocado jugar. La banda que hoy nos ocupa es un caso excepcional que rompe reglas. Formada en 1997 y sin una continuidad aparente, estando a veces como concepto y otras como forma, lanubetortuga edita con cruz y conejo su primer disco 11 años después. Ruido improvisado sin concesiones para sacar la rabia acumulada en todos los días que pasaron y los días que vendrán. Sin más que decir, nos entregan unos cortes densos y listos para degustar en momentos de opresión.

Para muestra, os podéis bajar el disco completo aquí.

Ah! y cómo no, son amigos míos.

lunes, 10 de noviembre de 2008

thou shalt always kill.



Thou shalt not steal if there is direct victim.
Thou shalt not worship pop idols or follow lost prophets.
Thou shalt not take the names of Johnny Cash, Joe Strummer, Johnny Hartman, Desmond Decker, Jim Morrison, Jimi Hendrix or Syd Barret in vain.
Thou shalt not think that any male over the age of 30 that plays with a child that is not their own is a peadophile… Some people are just nice.
Thou shalt not read NME.
Thall shalt not stop liking a band just because they’ve become popular.
Thou shalt not question Stephen Fry.
Thou shalt not judge a book by it’s cover.
Thou shalt not judge Lethal Weapon by Danny Glover.
Thall shalt not buy Coca-Cola products. Thou shalt not buy Nestle products.
Thou shalt not go into the woods with your boyfriend’s best friend, take drugs and cheat on him.
Thou shalt not fall in love so easily.
Thou shalt not use poetry, art or music to get into girls’ pants. Use it to get into their heads.
Thou shalt not watch Hollyoakes.
Thou shalt not attend an open mic and leave as soon as you're done just because you’ve finished your shitty little poem or song you self-righteous prick.
Thou shalt not return to the same club or bar week in, week out just ’cause you once saw a girl there that you fancied but you’re never gonna fucking talk to.

Thou shalt not put musicians and recording artists on ridiculous pedestals no matter how great they are or were.


The Beatles - Were just a band.
Led Zepplin - Just a band.
The Beach Boys - Just a band.
The Sex Pistols - Just a band.
The Clash - Just a band.
Crass - Just a band.
Minor Threat - Just a band.
The Cure - Just a band.
The Smiths - Just a band.
Nirvana - Just a band.
The Pixies - Just a band.
Oasis - Just a band.
Radiohead - Just a band.
Bloc Party - Just a band.
The Arctic Monkeys - Just a band.
The next big thing - JUST A BAND.


Thou shalt give equal worth to tragedies that occur in non-English speaking countries as to those that occur in English speaking countries.
Thou shalt remember that guns, bitches and bling were never part of the four elements and never will be.


Thou shalt not make repetitive generic music

Thou shalt not make repetitive generic music

Thou shalt not make repetitive generic music

Thou shalt not make repetitive generic music


Thou shalt not pimp my ride.
Thou shalt not scream if you wanna go faster.
Thou shalt not move to the sound of the wickedness.
Thou shalt not make some noise for Detroit.
When I say “Hey” thou shalt not say “Ho”.
When I say “Hip” thou shalt not say “Hop”.
When I say "he say, she say, we say, make some noise" - kill me.
Thou shalt not quote me happy.
Thou shalt not shake it like a polaroid picture.
Thou shalt not wish your girlfriend was a freak like me.
Thou shalt spell the word “Pheonix” P-H-E-O-N-I-X not P-H-O-E-N-I-X, regardless of what the Oxford English Dictionary tells you.
Thou shalt not express your shock at the fact that Sharon got off with Bradley at the club last night by saying “Is it”.
Thou shalt think for yourselves.


And thou shalt always kill.

lunes, 3 de noviembre de 2008

¿Ya estamos todos? Desde la admiración, Lisabö


Un día de mierda en Barcelona. Lisabö tocan esta noche en el Apolo. Ionyu, Karlos y Eneko prueban sonido en la sala casi vacía. Es extraño verla así. Estamos acostumbrados a que haya menos luz y mucha más gente. JC hace unas fotos mientras esperamos el momento. Hemos quedado con ellos. Bendita paciencia la del músico de rock. Se supone que es una entrevista, pero no somos periodistas ni queremos serlo. Jabi e Iban están a diez mil kilómetros de altura. Ellos cenarán dentro de un ratito, así que tenemos media hora. Media hora para hablar con un grupo que convierte el ruido en belleza eléctrica. Lo que sigue es, más o menos, lo que sucedió.

Daniel: Coincidiendo con la desaparición de Esan Ozenki, de Metak, con cambios en el grupo, ¿por qué hacéis la apuesta por la autogestión, por llevároslo vosotros todo?

Karlos: La maqueta de la que me hablabas (Daniel se ha declarado un minuto antes fan fatal del grupo) está autoproducida, como muchas maquetas. Yo soy partidario de hacer así las cosas porque creo que es necesario conocerlas desde dentro. El disco se hizo con Esan Ozenki porque, aparte de que eran colegas —y siguen siéndolo—, nos ofrecieron hacerlo. Si no hubiera sido así, se hubiera hecho igual, probablemente como hicimos la maqueta. Quiero decir con ésto que la inercia natural de Lisabö era hacer las cosas por sí mismo porque tampoco hay una pretensión de vender ni de nada. Evidentemente, el hecho de trabajar con Esan Ozenki tiene cosas buenas y cosas malas. Nos trajo mucha repercusión en el Rockdelux, por ejemplo, o que hubiera algo más de cobertura en zonas de Euskal Herria o Catalunya. Se siguieron haciendo las cosas con Metak que, a fin de cuentas, era un poco la continuación de Esan Ozenki, pero siempre con la idea de que algún día el paso natural sería irte de casa de tus padres, que es lo más normal…

Daniel: ¡Y aunque te los quieras mucho! (risas generalizadas)

Karlos: Entonces, se juntaron las dos cosas, que Metak cerraba la persiana y nosotros teníamos ganas de abrir otra. Bidehutz es la excusa para hacer nuestros trabajos. No es un sello al uso, aunque como concepto es una aglutinación de fuerzas de gente que autoproduce sus trabajos, que cree en la independencia como modo de trabajo a la hora de hacer la música, tanto en la creación como en la producción, y no es más que eso: una inercia natural del grupo. Siempre hemos tenido esa idea, sin darle mayor importancia.

Daniel: Otra de las cosas que me inquieta de vosotros es saber si tenéis muchos conciertos, si vendéis muchos discos porque me muevo en el mundillo, Lisabö les gusta a los programadores, llenásteis en Madrid hace poco…

Karlos: Bueno, el sitio era pequeño… La clave está en eso. Si te equivocas de acorde, tirarte al suelo o hacer una gualtrapada así, y cuando tocas fuera, hacerlo en una sala pequeña (más risas).

Daniel: Normalmente trabajo con muchos grupos y siempre está el punto éste de profesionalizarte, y por profesionalizarte me refiero a poder vivir de la música. En Lisabö todos tenéis vuestro trabajo, os tomáis la música como ocio porque sacáis tiempo para ella de vuestras horas dedicadas a él y no habéis apostado nunca por dedicaros a ella…

Karlos: …pero eso es porque no somos vascos del todo. No tenemos el talante apostador del vasco. No tenemos un Rh muy negativo, más bien dudoso (risas). La verdad es que, y os pasará a vosotros también vuestro blog, es que la dedicación es absolutamente profesional, lo que sucede es que no puedes vivir de ésto, no puedes subsistir. Eso es algo que le pasa a la mayoría de grupos de rock y a mogollón de gente que hace cosas por la cara y por amor al arte. Así que nos mantenemos en la inocencia de hacer las cosas porque nos gusta y porque somos masoquistas, algo que entenderéis perfectamente (risas). Tenemos que trabajar para pagar el alquiler y esas cosas. Nada nuevo.

Daniel: Vaya, que no es una opción buscada.

Karlos: No, es que nosotros no podríamos vivir del rock’n’roll.

Daniel: Tocando sólo los sábados seguro que no, pero si nos proponemos hacer los viernes y los sábados…

Karlos: Y encima los otros vienen en avión… (risas).

Eneko: Yo también barajo la posibilidad de que cambiaría nuestra forma de ver y hacer la música. Igual te lanzas y eres la persona más feliz del mundo, y sigues haciendo las cosas tal y como la sientes hasta hoy. Pero igual te encuentras con que tienes que sacar otro disco y lo tienes que sacar por huevos y lo tienes que sacar para tal fecha porque hay que tocar y tal día se presenta y queremos ir a tal festival que nos van a dar bien de pasta…

Karlos: ...y tienes que tocar en conciertos que no te gustan pero hay dinero. Allí en Euskadi hay mogollón de Ayuntamientos que si no hacen un concierto pagando un montón de dinero, ya no hay fiestas. Hay un montón de grupos que viven muy bien de eso, bueno, a ver, que pagan el alquiler sin problemas, cosa que me parece una opción cojonuda y que no critico en absoluto. Pero claro, tienes que acabar tocando en las plazas de ciertos pueblos de no sé dónde (y no vamos a decir dónde) y piensas ¿Qué hago aquí? Prefiero estar en un garito de Laredo…

Eneko: …nosotros no dependemos de esto. Esto nos hace felices.

Daniel: No, si yo lo veo una opción muy válida. Yo trabajo en Propaganda, parto un poco de esa realidad y es por eso que me interesa vuestra manera de trabajar. La verdad es que siento que estoy capitalizando el centro de atención… (risas).

JC: Un poco en relación con lo que decía él, vosotros, con los pocos conciertos que dáis, al menos fuera de Euskadi, ¿cuánto dedicáis a ensayar? Porque ser Mejor concierto en el Rockdelux, Mejor Concierto Primavera Sound 2007… Os vi ahí, también en el Tanned Tin, en Lliçà d’Amunt (a las cuatro de la mañana, con un frío…) y siempre son bolazos. Por eso, ¿cuánto le dedicáis a la música?

Eneko: Lo que podemos y cuando nos apetece.

Karlos: Intentamos tener una pequeña disciplina de un día por semana, pero como tampoco nos vemos mucho… Eneko trabaja los fines de semana, yo a veces trabajo todos los días, Ionyu trabaja a turnos…

Eneko: Supongo que es algo que le pasará a todos los grupos. Ahora hemos conseguido quedar dos semanas seguidas y ha sido un logro.

Karlos: Además, cuando logras ensayar mola, porque como siempre cambiamos algo, o igual hacemos canciones que no hacíamos desde hacía tiempo. Pero claro, hay veces que en el ensayo no te da ni tiempo a hacerlo. Es muy divertido porque sales con la sensación de “a ver qué pasa”…

Eneko: …y medida que va llegando el concierto dices “joder…”

Karlos: O va llegando el concierto y dices “bueno, aquí sólo hay un punto conflictivo”, pasamos y ya está, y llega y ¡vaya cagada!

F: Eso quiere decir que tenéis poco margen de improvisación, que lo tenéis todo tan pensado que…

Karlos: …bueno, prepensado. Las improvisaciones no son grandes, son sólo partes que no sabes cuánto van a durar, o enlaces que van a ser cuando alguien haga una señal. Improvisaciones como tal tampoco existen. Bueno, los ruidos, sí.

Eneko: Aparte que un grupo con cinco personas y canciones, que se pongan a improvisar encima de un escenario… ostia… si dijeras dos, aún…

Karlos: Sí que hay momentos más pausados, más ambientales y demás, pero igual nos corresponden a Jabi y a mí, los guitarras o las voces, pero claro, teniendo una base asentada por detrás, cualquiera improvisa. Eso es una garantía.

F: No tiene nada que ver, pero, tú Karlos, ¿cómo afinas la guitarra?

Karlos: Nada, bajamos un tono y luego hay una cuerda de diferencia. A Jabi no le preguntes porque todavía no sé ni cómo afina él. Puede tener que ver en la construcción de acordes, en el sonido, así como más tirante. Luego también sucede que yo no soy guitarrista, que llevo tocando la guitarra tres años como quien dice, así que he aprendido muy en plan “a ver esto cómo suena, ah, va bien”. No digo “voy a hacer un nosequé séptima” porque no sé, no tengo ni idea de cómo se hace. Vas tocando por la sonoridad, así que afines como afines no tienes prejuicios, para bien o para mal.

Daniel: ¿Luego te acuerdas de lo que sale?

Karlos: Ahora sí (risas), porque ya tengo un método para apuntarlo.

Daniel: No, es que es un clásico…

Karlos: Claro, ¡es que con el bajo era guay! Cuentas aquí un quinto tono, me lo hacía así y ya está, pero con la guitarra… Joder, qué guay hoy, que he sacado una movida guapa, y a la media hora, el Alzheimer galopante, nuestro mal… (risas)

JC: Volviendo al tema “Festivales”, que son siempre las posibilidades que hemos tenido de veros, ¿qué os parece el rollo éste nuevo que hay de pagar ciento y pico euros…

Karlos: …nos jodía mogollón que la primera vez que vienes a Barcelona después de cinco años (en el 2007) sin haber tocado aquí, sea en el Primavera Sound, que por un lado está de puta madre, pero por otro es una putada, porque hay gente que sólo quiere ir a ver el grupo, tiene que pagar una pasta. No creo que sea el caso, pero a lo mejor sí, no sé. Bueno, ya lo arreglaremos yendo al poco a una sala, pero ahí se complica porque han habido diversas opciones en junio, después de verano, luego en enero y al final, una por otra, nada. Los festivales tienen de bueno que puedes ver un montón de grupos que es difícil de ver juntos, pero probablemente más de malo porque ya el perfil de “amante de la música” se ha convertido en el de “festivalero”. Yo no soy un erudito de la música. Hay cosas que me gustan y cosas que no. Con los festivales se pierde la esencia de ir a ver un concierto a un bar debajo de tu casa. Se pierde la cultura de los conciertos pequeños.

Daniel: Con el rollo, estamos pagando los cachés más caros de toda Europa…

Karlos: …sí, pero yo creo que es algo que petará al final. Quizás un tipo de escena más underground, no sé…

Daniel: …hace una semana vi en Berlín a Animal Collective por 17 euros y éramos mil personas. En el Primavera había 17.000 y el precio ya lo sabéis…

Karlos: Sí, pero ¿por qué vas a ver a Animal Collective en el Primavera? ¿Cuál es el grupo cool de este año? Ah, bueno, vale, pues vamos allá. Que guay, que igual yo también hubiera ido…

La conversación se ve interrumpida por una llamada de teléfono. Bueno, suponemos que tampoco es importante. Lo que piensa Karlos Osinaga es posiblemente lo que pensamos todos. Aprovechamos para seguir hablando con Eneko y Ionyu.

JC: Teniendo en cuenta que tenemos poco tiempo para que vayáis a cenar, una pregunta típica para vosotros. En el tema “Lengua y política”, qué tal? En cruzyconejo, si echáis un vistazo, veréis que nos consideramos de izquierdas. No nos gusta lo que hay y está claro que lo que hay no funciona. No sé si vosotros os mojáis sobre estos temas.

Eneko: Por ejemplo con el tema de la lengua y el tema político… Antes, en una entrevista, nos han preguntado exactamente lo mismo y yo siempre intento contestar lo mismo. La persona que tiene ese prejuicio o piensa que lo hacemos por un tema político, tiene que pensar por qué él mismo piensa eso, qué es lo que le ha llevado a pensar eso, a pensar que nosotros estamos reivindicando algo.

Ionyu: Lisabö no se ha planteado cantar en euskera por reivindicar nada, es algo que sale de una manera natural.

JC: Sí, pero sí es verdad que hay un cierto sector de la crítica que os ha querido hacer bandera o herederos del rock radical.

Eneko: Yo eso lo veo como un problema que tienen ellos, un prejuicio suyo. Antes he dicho lo mismo: vosotros habláis catalán, nosotros hablamos euskera y estamos hablando castellano porque es la manera más normal de comunicarnos. Sería absurdo hacerlo de otra manera. Nosotros cantamos en euskera porque es nuestra lengua y no hay que buscarle nada más. Si quieren buscarle, que le busquen y hablamos de lo que quieran. Parece que ser del País Vasco y cantar en vasco es porque son independentistas. Están criticando el hecho de que tú hagas algo a favor de tu lengua, algo que tendría que ser apoyado por todo el mundo, sea la lengua que sea. Y más con una lengua como el euskera, que no está en su mejor momento ni mucho menos, porque hay mucha gente que lo sabe pero no lo habla, no lo utiliza en el día a día. Es absurdo. Le pones zancadillas y encima, cuando la quieres normalizar, le pones más zancadillas. Pero es más absurdo cuando este mensaje viene de políticos, de profesores que se quejan de que se exija euskera en la enseñanza.

Ionyu: Es algo que todos podemos entender, pero nosotros no lo hacemos ni por militancia ni por nada.

Daniel: Quizás lo normal sería que lo hiciérais en inglés o en castellano. Nadie preguntaría “Oye, ¿por qué cantas en inglés?”.

Eneko: El problema no es que te digan “¿Por qué cantas en vasco?”. Pues porque es un mi idioma y ya está. El problema es cuando ya entran con el tema político y el tema de nosequé. Me parece normal por las situaciones que se han vivido y las que se viven, pero es que ya, en el 2008, parece que están buscando que uno de nosotros diga “No, es que lo hacemos por esto y por esto” y entonces todo el mundo salte con “Es que los Lisabö, o porque Fermín Muguruza nosequé o porque Berri Txarrak nosequé”. ¿Qué están buscando? ¿Qué les diga algo que quieren oír?

Daniel: Un titular.

Eneko: Al fin y al cabo tendría que ser algo normal. No sé, quizás me estoy poniendo demasiado pesado, pero es que por cantar en euskera te pueden llamar violento o separatista, cuando sólo estás apoyando una lengua que está en las últimas, y que es la mía. Si me da por cantar una canción en galego por los motivos que sean, ¿de qué me van a tachar? No estoy apoyando ni una idea política ni nada, sólo algo que es un patrimonio cultural.

F: Es que, para según quién, parece ser que el patrimonio cultural queda circunscrito al ámbito de la lengua común, al manifiesto y a su puta madre.

Eneko: Por eso esas personas tienen que echar marcha atrás y pensar por qué han llegado a pensar eso.

F: Sí, lo que sucede es que esta reflexión es demasiado inteligente. Cuando a alguien se lo tienes que explicar tan “a ver, neng, esto se hace así”, es que igual no da para más.

Eneko: Si quieren hablar de política, hablamos de política, pero es que ese tema nos parece ridículo. Puedes llegar a entender que haya gente que piense eso porque tú hoy escuchas aquí una noticia que ha pasado en Sarajevo y la ves desde el punto de vista de quien la escribe o te la dice en la tele. Luego vas allí y hablas con la gente y no tiene nada que ver con lo que tú pensabas. Ostia, he metido la pata. Pues esto es lo mismo. Al final te dan ganas de decir “Y si lo hago por esto, ¿qué? ¿Es algo malo?”.

Daniel: De hecho, si cantar en euskera es una opción política, cantar en castellano o en inglés también.

Eneko: Claro, cantar en cualquier idioma.

Ionyu: Lo que tiene de bonito para nosotros es que, al estar en la escena vasca, estás con un mogollón de grupos que cantan en euskera sin ningún motivo en especial, sólo porque es sale como algo natural porque es su idioma. En ese sentido, en Catalunya se ha superado la barrera de la lengua.

JC: De hecho, en la discográfica en la que él trabaja, los grupos cantan en catalán.

Daniel: En ese sentido, la situación se ha normalizado. Que hayan grupos de pop, de rock, de punk, de tal, y que la gente se exprese en catalán.

JC: Y ya para acabar, y volviendo al tema musical, porque tendríamos para horas con la charla, ¿qué váis a hacer hoy?

Eneko: Elaboramos la lista de temas de los conciertos una semana antes pensando en lo que nos apetece tocar. La de hoy está hecha, pero igual llegan Iban y Jabi y proponen un cambio de temas, o unir tal y cual canción de otra manera. Vamos, que las listas están abiertas. Improvisar no improvisamos como un grupo de jazz porque sería una locura y porque no somos músicos de calidad (sic). Sí es fácil hacerlo en partes que no tienen una medida, momentos en los que te miras y dices “¡Ahora!”. O esta canción, que la empezamos de tal forma y la terminamos de tal otra.

JC: La impresión que tuve en el Tanned Tin, por ejemplo, es que los baterías os lo pasáis como enanos. La complicidad que se ve cuando os miráis…

Eneko: …es que necesitamos mirarnos mucho. Yo, por ejemplo, en el monitor no pido nada de baterías. Es más la mirada que otra cosa la que te ayuda a no irte de ritmo. Cuando él (Iban) levanta el brazo, sin oírle ya tengo el tempo, lo tengo todo.

No queremos quitarles más tiempo. Karlos ha regresado y recuerda al resto que la cena ya está y que, si no, no tendrán tiempo. Momento de despedidas sabiendo que dentro de dos horas asistiremos a algo único y bellísimo. El único no-lugar que hoy existe está allí y junto a ellos, gente increíblemente normal. Muchas, muchas gracias por todo.