jueves, 28 de mayo de 2009

And it looks cool too


sí, ya sé que es un trozo de cuero. pero no te puedes imaginar la felicidad que supone trazar una parábola con él y que los sueños de un millón de personas estén allí, contenidos en una curva llena de sudor

una vez, y otra, y todas las veces del mundo al unísono

miércoles, 27 de mayo de 2009

juego de palabras



"No podemos impedir que nos venzan en una contra o en una jugada de estrategia, pero hasta ahora ningún equipo nos ha ganado en posesión de la pelota ni en valentía. No sé si podremos derrotarles, pero intentaremos que sientan el miedo de quienes se sienten atacados".

Pep Guardiola



"No podemos impedir que nos venzan en una contra o en una jugada de estrategia, pero hasta ahora ningún país nos ha ganado en posesión de la pelota ni en valentía. No sé si podremos derrotarles, pero intentaremos que sientan el miedo de quienes se sienten atacados".

Arnaldo Otegui

martes, 12 de mayo de 2009

DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACION


"..La vida pública se duerme progresivamente. Una docena de dirigentes de partido de inagotable energía y un idealismo sin fronteras dirigen y gobiernan, bajo ellos en realidad dirige una docena de cerebros privilegiados y una élite de obreros es convocada de tiempo en tiempo en asambleas, para aplaudir con asentimiento los discursos de los dirigentes, aprobar resoluciones unánimemente y que ya están hechas en el fondo. Por lo tanto, es un despotismo e, indudablemente, una dictadura, pero no la dictadura del proletariado, sino la dictadura de un puñado de politicos, es decir, una dictadura en el sentido burgués de la palabra"

Rosa Luxemburgo, 1918

jueves, 7 de mayo de 2009

Andrés



Ellos tienen a Essien; nosotros, a Iniesta. Ellos son una roca; nosotros de cristal. Ellos la meten desde 35 metros; nosotros desde 25. Ellos van de azul; nosotros ganamos hasta de amarillo. Ellos son británicos y, dicen, inventaron el fútbol; nosotros, catalanes y lo hemos convertido en la mejor obra de arte del mundo. Ellos van atrás, muy atrás, en su Liga; nosotros, casi la hemos ganado. Ellos son el Chelsea; nosotros, el Barça. Ellos no ganarán nada; nosotros aspiramos a todo. Ellos empezaron ganando; nosotros terminamos cantando el alirón. Ellos la metieron por la escuadra en el 9; nosotros, en el 93. Ellos creían que lo tenían ganado; nosotros, perdido. Ellos lloraron; nosotros reímos. Ellos no irán a Roma; nosotros nacimos en Roma.

Fue un partido de fe. Fue un encuentro que premió al mejor, al que más jugó, al único que buscó la victoria en los 190 minutos que duró la eliminatoria. Fue un partido que corona la final que todo el mundo buscaba, deseaba, soñaba. La final que se merece el fútbol, la final que convierte el fútbol en un deporte digno de ser, sí, el rey de los deportes.

Solo el fútbol puede ofrecer un partido así. Solo el fútbol es capaz de coronar a quien se lo merece en el último minuto, en el minuto del más allá. Solo el fútbol puede amar con tanta intensidad al que acaricia este juego. Solo el fútbol puede dejar tirado en el campo, desconsolado, sin premio, a quien especuló con un deporte que, de vez en cuando, recompensa a los que se dejan la piel en el campo. E insisten, insisten, insisten, hasta meterla por la escuadra.

Tuvo que ser Iniesta, cómo no. Tuvo que ser él, el Messi de Fuentealbilla. Tuvo que ser ese muchachito criado, amamantado, acariciado, crecido en La Masia. Tuvo que ser él. Pudo haber sido cualquier otro y la recompensa habría sido idéntica. Pero fue Andresito, fue ese muchacho cuyo crecimiento parece congelado en el tiempo. Fue el chico de la vocecita el que metió el gol por la escuadra. O casi. ¡Qué más da! Fue el gol que lleva a los azulgranas hasta Roma. Y allí, que decidan los dioses.

Emilio Pérez de Rozas en El Periódico de Catalunya

jueves, 23 de abril de 2009

mujeres de barcelona


Seguro que lo han visto millones de veces en películas yankees o series de televisión: cuatro freaks adolescentes que se juntan en el garaje de los padres para ensayar con su banda mientras sueñan con tocar en la fiesta de graduación del instituto. Pues bien, ésa fue la imagen que me vino a la cabeza la primera vez que escuché a Mujeres. Quizás por su amateurismo, su frescura y un sonido grasiento que respira autenticidad por los cuatro costados. Quizás porque no era la primera vez que escuchaba algo así; o, quizás (seguro), porque tendría que dejar de ver películas de institutos. Sea como sea, estos barceloneses se han hecho su hueco en la escena de la ciudad gracias al boca-oreja y a ese magnífico medio de difusión que es Myspace, con el que han conseguido llamar la atención del público más inquieto –de dentro y fuera de nuestras fronteras– sin todavía haber editado ninguna referencia. Tan sólo cuentan con una maqueta, Demo’08, de la que pudimos disfrutar en Cruz y Conejo y que, al parecer, ya está agotada.

Sus directos son pura energía que nos hace bailar, saltar, gritar y perder los papeles. Es imposible acudir a uno de sus shows y que la cerveza y el sudor no se apoderen de todo para acabar en una enorme fiesta. Y aunque sea imposible que no nos recuerden a Black Lips y a algunos clásicos, saben defender sus señas de identidad reivindicando a Ricky Nelson y a Jonathan Richman y su Vampiresa mujer.

Así que ya lo saben, si quieren pasar un buen rato y disfrutar de la música, apunten sus próximas fechas:

8 de mayo - Wurlitzer Ballroom (Madrid)
17 de mayo - Sala Apolo (Barcelona)
23 de mayo - Primavera Sound (Barcelona)
31 de mayo - Europavox Festival (Clermont-Ferrand)

Nosotros esperamos en candeletas su debut (tiene que ser sí o sí en vinilo) mientras bailamos encima de las mesas.

Vive le rock!

lunes, 13 de abril de 2009

Historia de un incendio

Hace ya más de un siglo y medio que Karl Marx y Friedrich Engels escribieron el Manifiesto Comunista, cuya primera frase, «un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo», se fue materializando en los años siguientes hasta convertirse en la verificación de una realidad: la del impulso decidido del movimiento obrero revolucionario por destruir el nuevo régimen surgido de la Revolución Francesa, por hacer añicos el mundo burgués. Ese fantasma recorrió efectivamente Europa durante décadas, obligando a la burguesía a mostrar su verdadera cara, a desplegar toda su sangrienta maquinaria para devolverlo a las catacumbas de las que salió. Allí descansa esperando el momento en que pueda ser de nuevo conjurado.

Casi al mismo tiempo surgía otro movimiento, el romanticismo, que también trataba de socavar las bases de ese nuevo mundo, si bien su punto de arranque era otro distinto, el del arte. Pero su visión del arte implicaba una nueva concepción del mismo y de sus relaciones con la vida, tratando de emanciparse de su reducción a mercancía de consumo de la naciente burguesía. El romanticismo puede ser considerado con justicia la primera vanguardia artística. En la vida de sus grandes animadores, más incluso que en sus obras, encontramos las notas que animaron una sinfonía que ensordeció el mundo, la del arte revolucionario. La crítica del positivismo y de la razón utilitaria, la insumisión a las formas de vida burguesa y la búsqueda incansable de un reencantamiento del mundo están en la base de la mayoría de las vanguardias del siglo XX, que se esforzarán por desarrollar en toda su plenitud ese potencial, especialmente en el período de entreguerras.

Socialismo y arte revolucionarios inician pues un camino común, pero ese camino está lleno de bifurcaciones, de senderos que no llevan a ningún sitio, de atajos que en vez de acortar distancias las alargan hasta el infinito. Es ésta una relación compleja, problemática, llena de malentendidos, de desconfianzas mutuas, de oportunidades perdidas y, finalmente, de derrotas. Pero cuando ambos caminos se cruzan, formando una encrucijada, todas las posibilidades se abren de pronto, y un fogonazo hace temblar el mundo y
 el fuego ilumina la noche con una claridad que deslumbra. Así sucedió durante la Comuna de París. Cuando anarquistas y socialistas se encontraron, codo a codo en las barricadas, con pintores y poetas, unos y otros comprendieron que ya nada volvería a ser igual. Nada volvió a ser igual para Courbet después de participar en la demolición de la Columna Vendôme. Nada volvió a ser igual para el joven Rimbaud. Nada podíavolver a ser igual para la poesía. Ninguna revolución puede ya concebirse sin poetas, mas no para cantar sus alabanzas, sino para participar activamente en la demolición de todas las columnas, de todos los muros.

«Transformar el mundo» (Marx) y «cambiar la vida» (Rimbaud). Cuando estas dos máximas se funden, cuando aquella dimensión materialista y socialista y aquella otra fundamentalmente romántica y poética de la vida alcanzan una efectiva relación deafinidad electiva, se abre una ventana a la utopía que nos muestra que todo es posible. Así lo entendieron los surrealistas y a ello consagraron todas sus fuerzas. Así ha sucedido en breves (pero radicalmente intensos) períodos históricos. ¿Y por qué no ha de ser posible aún hoy?

El rastreo de las impresiones que esa ventana abierta al infinito de lo posible ha dejado en la historia es la pretensión de Historia de un incendio. No es éste un libro más sobre las vanguardias artísticas, pues lejos de toda falsa objetividad académica y de todo intelectualismo autocastrante, hallamos en él una mirada cómplice, apasionada y lúcida, que indaga en el pasado pensando en el presente. A través de sus páginas asistimos a vertiginosos saltos en el tiempo y en el espacio que nos trasladan de la Comuna de París al mayo setentayochista, del París de los surrealistas a la Inglaterra de los Sex Pistols, todo ello sin provocar el vértigo de lector, porque, como pocos libros hacen, aquí se le concede al lector la dignidad que le ha sido arrebatada, la de interlocutor, la de sujeto activo. Así pues, esta historia no es una historia, sino muchas historias unidas por un hilo invisible, por una mirada dialéctica al pasado que hace efectiva la fórmula benjaminiana de dar «un salto de tigre hacia el pasado», salto que permite que el pasado ilumine, aunque sea fugazmente, este presente oscuro.

Historia de un incendio no es, por tanto, una guía de movimientos artísticos o un manual de historia; es una invitación a descubrir esa «dialéctica de la ebriedad» que nos habla de la posibilidad de una vida radicalmente distinta a la que nos obligan a llevar, es un arma cargada, presta a ser utilizada. De modo que nadie busque aquí arquelogía, de lo que se habla es de revolución y de utopía y éstas siguen vivas, aunque las hayan querido enterrar. Entre sus páginas quizás podamos encontrar alguna de las claves que nos permitan completar la fórmula mistérica que, cual Golem, haga revivir a los viejos fantasmas, dotándoles de savia nueva, para volver a agitar el miedo de la burguesía.


Maese Huvi sobre el libro HISTORIA DE UN INCENDIO. Escrito por Servando Rocha y editado por LA FELGUERA en el 2006.

jueves, 26 de marzo de 2009

Luis María Anson Like a Killer

ESTABA TODO Madrid, desde Aznar, el político, a Guti, el futbolista; desde Hugo Silva, el televisivo aspirante a actor, a Mónica Cruz, la actriz excelente; desde pepepijos de vario pelaje a destacados progres caviar socialistas; desde señores antiguos de corbata hasta adolescentes ombligueras, lolitas de vaqueros ceñidos como la piel, jovencitas minifalderas, «al aire el muslo bello y flojo el cinturón». La juventud era una llamarada encendida en el Palacio de los Deportes. Los nuevos ídolos -Dave Keuning, Ronnie Vannucci, Mark Stoerner y, sobre todo, Brandon Flowers- se trajeron la luz de California, de la vieja California hispana, desplegaron una gran bandera española y gimieron a un ritmo enloquecido, mientras las espectadoras sobre los hombros de sus parejas se entregaban al orgasmo de la música eterna de la negritud. Durante horas, ellas y ellos danzaban el pop con frenesí en la noche serena con llama que consume y no da pena. No lo sabían, pero la caballería, como en el verso de San Juan, a vista de las aguas descendía. Y Aminadab, cabreado, no aparecía por ninguna parte.

Me acordé de hace cuarenta años, más de cuarenta años, cuando escuché por vez primera a los Rolling Stones en Londres. Kennedy caía asesinado por Oswald sobre el regazo de Jacqueline a la que cubrió de rosas rojas. Juan XXIII moría dulcemente sobre la paz en la tierra. Rolf Hochhuth escandalizaba con El Vicario.Bartok estrenaba El castillo del duque Barba Azul. Igor Stravinski, al que entrevisté en Madrid, El diluvio universal, Franco fusiló a Grimau, riéndose del Papa que pidió su indulto. Claro que para el dictador español, Pablo VI era un rojo que hacía de Papa.A Mandela le condenaban a cadena perpetua. Le Corbusier escalaba las puertas del cielo y Mao ponía en marcha la Revolución Cultural.Yo vivía días de amor y rosas, luna de miel en la guerra de Vietnam, y luego largo exilio en Hong Kong por el pecado de haber escrito un artículo, La Monarquía de todos, que encrespó al dictador.

Their Satanic Majesties Request eran el rayo que no cesa y se enfrentaron a los Beatles. Rollin' Stones Blues fue la canción de Muddy Waters que inspiró el nombre de los balas perdidas.Se impuso el machismo electrizante de los Stones, el rock'n' roll de grueso calibre, al fondo el blues, lejos aún los sonidos brit pop, con Mick Jagger descoyuntado, Keith Richard entre guitarras, todavía Chuck Berry en su aliento, y un Brian Jones que se estremecía con la psicodelia y terminaría muerto en su piscina. Volaban ya los pájaros de Hitchcock. Martin Luther King luchaba contra el racismo. Leíamos Rayuela. La muerte de Nehru ensombrecía a la india y Ngo Dinh Diem, al que entrevisté en Saigón en junio del 63, caía asesinado unos meses más tarde y abría la guerra de Vietnam.

Y ahora, cuatro largas décadas después, los Killers, que están desbancando a U2, prorrogan el fenómeno social de los Stones y los Beatles. Hot Fuss, Sam's Town, Sawdust y Day and Age son los álbumes del fulgor que no cesa. Por eso el mundo madrileño in se instaló en pleno en el Palacio de los Deportes. Un bosque de manos alzadas acompañaron las canciones de los Killers y se hicieron paroxismo al final cuando el grupo rugió con Read my mind, con When you were young. La juventud electrizada lo desbordó todo mientras los señores antiguos, los carrozas disfrazados de chaqueta, e incluso de corbata, los muy cutres, contemplábamos atónitos el esplendor del incendio.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.